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Ritalín: más de 50 años en el mercado farmacéutico y sigue causando polémicaEditar

El medicamento es prescrito para niños que padecen trastornos por déficit de atenciónEditar
MARIANA NORANDIEditar

Con poco más de medio siglo en el mercado farmacéutico, Ritalín, nombre comercial del metilfenidato, continúa siendo objeto de polémica en la opinión pública y asunto pendiente para los legisladores.

El Ritalín, que actualmente puede tener otras presentaciones comerciales, como Concerta o Tradea, se receta como tratamiento para niños y adolescentes que padecen trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).

Este es uno de los trastornos neuroconductuales más comunes en la infancia, que afecta a 5 por ciento de niños a escala mundial. En México, según la Secretaría de Salud (Ssa), un millón 650 mil niños y adolescentes lo padecen, y 80 por ciento no están debidamente tratados.

El TDAH se caracteriza por falta de atención e impulsividad, eventualmente asociada con hiperactividad. Esas características son consideradas normales en la mayoría de los niños, pero en el caso de los que padecen dicho trastorno interfieren en el proceso de aprendizaje y en sus relaciones sociales.

La polémica que ha generado ese medicamento arranca con el diagnóstico. Hay quienes creen que el TDAH no es enfermedad, sino característica "normal" de cualquier niño, y por tanto no requiere medicación. Esa corriente afirma que el metilfenidato es una droga como la cocaína, y representa la iniciación del niño en el mundo de los estupefacientes y las adicciones. Asegura que los profesores "estigmatizan" a los alumnos con ese trastorno, tachándolos de "conflictivos y problemáticos", cuando en realidad esos calificativos ocultan una profunda ineptitud profesional.

En el lado contrario están quienes aseguran que el TDAH es una enfermedad mental, estudiada y clínicamente probada, la cual debe tratarse con terapia farmacológica, porque de no combatirse el mal el individuo llega a la etapa adulta con graves problemas conductuales y de inadaptación social. Por tanto, esa vertiente rechaza totalmente cualquier tipo de satanización del Ritalín y lo considera parte fundamental del tratamiento. Aunque hay que aclarar que dicho trastorno no se cura, únicamente se controla con fármacos, su sintomatología va desapareciendo, en la mayoría de los casos, cuando el individuo entra a la edad adulta.

El diagnóstico de ese trastorno suele iniciarse por apreciaciones de maestros, quienes aconsejan a los padres acudir con un siquiatra para "controlar" al niño, pues su actividad representa "un elemento disfuncional" en el aula.

Matilde Ruiz, jefa de neurología del Instituto Nacional de Pediatría, dice que el diagnóstico del TDAH pasa por una evaluación clínica y no por un marcador biológico, como muestras de sangre o radiografías, y eso ha generado dos obstáculos: "gente que dice que el trastorno no existe, como el grupo de la cienciología, el cual considera que las enfermedades mentales son un invento para favorecer la venta de medicamentos. Y, por otro lado, algunos colegas han abusado del diagnóstico. Eso ha hecho que aparezcan alternativas no científicas que rechazan el medicamento y proponen el uso de vitaminas y cambios en la alimentación".

La Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos Internacional, fundada en 1969 en Estados Unidos por la Iglesia de Cienciología (grupo religioso con injerencia en temas científicos) para luchar contra los abusos de la siquiatría, es de las organizaciones más reacias al uso del Ritalín. Su directora en México, Rossana Fernández, comenta: "El consumo de droga, legal o ilegal, tiene los mismos efectos en el organismo, por lo tanto el Ritalín es una irresponsabilidad médica de los pediatras. Nosotros hicimos una investigación con 13 niños en Estados Unidos que tiroteaban escuelas, y descubrimos que 11 estaban bajo el efecto de esos medicamentos".

Como estimulante, el medicamento tiene un funcionamiento paradójico en los pacientes con TDAH, pero clínicamente efectivo según los médicos que lo recetan. El siquiatra Alfredo Saldívar González, coordinador del Laboratorio de Neurofarmacología del Departamento de Farmacología de la Universidad Nacional Autónoma de México, cataloga ese medicamento como análogo ciclizado de la anfetamina (fenetilamina), y dice que "el mecanismo de acción del metilfenidato es prácticamente el mismo que el de la cocaína: induce la liberación de la dopamina (sustancia que participa en diferentes procesos del cerebro) y produce una sensación de euforia y bienestar. Pero en pacientes con TDAH es paradójico, porque no es un mecanismo de dopaje, sino de equilibrio". Es decir, por un lado ayuda al niño a centrar la atención y, por otro, reduce la excesiva impulsividad.

Sin embargo, hay quienes piensan que ese fármaco empeora la situación del paciente y desequilibra su normalidad funcional.

María Laura Matsuo, madre de un niño de 13 años a quien diagnosticaron TDAH y tomó metilfenidato, dice: "en el Instituto de la Comunicación Humana de la Secretaría de Salud le recetaron Ritalín a mi hijo. Aunque comenzó a estar más tranquilo, estaba todo el día adormecido y ansioso. Los médicos me decían que si no lo medicaba iba a ser un violador, un drogadicto o un asesino, y entonces lo mediqué durante años. En 2003 le retiré la medicina, porque cada día estaba peor y empecé a sustituirla por vitaminas. Al principio tenía síndrome de abstinencia, pero ya está mejor y estoy esperando que cumpla 14 años para que entre a la escuela abierta y ya no lo discriminen".

La mayoría de los médicos, padres de familia, niños y profesores entrevistados para este reportaje aceptaron que el Ritalín es una buena solución contra el TDAH, y aseguraron estar satisfechos con los resultados obtenidos. Sin embargo, los pacientes que rechazan el metilfenidato no son pocos y sus declaraciones representan testimonios que hay que tener en cuenta en este debate.

"Con esa medicina no estudias ni te concentras"

Javier Alvarez es un joven hiperactivo de 19 años. En su caso estuvo tomando otro estimulante llamado Strattera, cuyo componente químico es la atomoxetina, el cual es cada vez más recetado para este tipo de pacientes. El joven niega que sea un enfermo mental, y argumenta que simplemente es una persona inquieta. A su edad ha pasado por 17 escuelas diferentes, incluidas dos militarizadas, y aún no acaba la preparatoria. Javier reconoce tener dificultades para concentrarse, pero dice que su problema no es neuronal, sino que sólo atiende las cosas que le interesan: "Con esa medicina no estudias ni te concentras. Me sentía lento y no podía dormir. Te calma, pero ya no eres tu. Lo dejé de tomar, y durante un tiempo sentía mareos y estaba todo el día como crudo. Los siquiatras dicen que soy hiperactivo, pero puedo hacer cualquier cosa como cualquier otro chavo. La diferencia es que soy más movido, y eso no lo soportan los maestros".

El Ritalín es un fármaco controlado, que únicamente se vende con receta médica. La dosis la prescribe el médico, pero suele ser de uno a tres comprimidos diarios, dependiendo del peso y la talla. El periodo de consumo también lo determina el médico, y puede durar tanto como los síntomas persistan.

Los efectos colaterales que presenta son básicamente insomnio, irritabilidad, pérdida del apetito y dolores de cabeza. Médicos de la Ssa aseguran que desaparecen a la semana, y si persisten debe suspenderse el medicamento.

La literatura médica tiene reportadas una decena de muertes relacionadas con el Ritalín, pero según la doctora Ruiz "la mayoría de esos pacientes tenían una cardiopatía previa, por lo que es recomendable antes de medicar hacer una evaluación cardiovascular".

Una de las cuestiones que más se ha discutido es si su consumo predispone al paciente a futuras adicciones. Sergio Muñoz Fernández, jefe del servicio de salud mental del Instituto Nacional de Pediatría, afirma que, con base en un estudio científico, "38 por ciento de niños que les fue diagnosticado TDAH y no fueron tratados presentaron farmacodependencia, frente a 12 por ciento que sí fueron medicados".

David Villa es un joven de 15 años, a quien le diagnosticaron el trastorno cuando tenía siete. Niega que tenga un problema mental y rechaza el consumo del Ritalín, el cual tomó durante tres años. Sin embargo, dice que la medicina no lo ha hecho proclive a consumir drogas.

Empero, hay personas que hacen mal uso del Ritalín, por un diagnóstico equivocado del médico o por consumo recreativo, al pulverizarlo y mezclarlo con otras sustancias. Saldívar González afirma: "en el ámbito terapéutico nunca he visto un caso de adicción derivado de su consumo, pero hay personas que le dan un uso recreativo y compran el medicamento en el mercado negro. También lo usan personas que tienen largas jornadas de trabajo y necesitan altos niveles de atención. Eso lo he visto en choferes de microbuses y en estudiantes durante los periodos de exámenes".

En México, el metilfenidato está catalogado como estupefaciente en el capítulo quinto, artículo 234, de la Ley Federal de Salud. Actualmente el debate público se ha trasladado a la Cámara de Diputados, donde existen dos iniciativas de ley: una para evitar que los niños sean obligados a tomar fármacos siquiátricos como condición para recibir educación, y otra que plantea que la información científica sobre el TDAH y las unidades médicas de atención estén al alcance de los padres de familia, para que con el apoyo de los especialistas puedan tomar una mejor decisión sobre el tipo de tratamiento que deben seguir sus hijos.

El debate continúa abierto en la sociedad y en la Cámara de Diputados. La opción del Ritalín también queda abierta a la decisión de padres y médicos. Lo importante con el metilfenidato, como con cualquier otro fármaco, es la información adecuada y especializada antes de su consumo.






Artículo obtenido en: http://www.jornada.unam.mx/2006/09/05/index.php?section=sociedad&article=040n1soc